Atocha abrió en 1851 con la línea entre Madrid y Aranjuez, convirtiéndose en la primera estación ferroviaria de la capital. El edificio histórico adquirió su forma reconocible en 1892, con una monumental nave de hierro y vidrio.
El ladrillo aporta calidez a la fachada; la gran cubierta acristalada ilumina una estructura industrial construida para el movimiento. Más de un siglo después, esa combinación sigue definiendo la identidad de Atocha.