Al caer la tarde, la bahía ofrece otra forma de leer el lugar. La piedra ocre se vuelve cálida, el agua adquiere un azul más profundo y los reflejos se alargan sobre la superficie.
Para Macarena de Alba, aquí comienza la observación: el contraste entre estructura y fluidez, tonos neutros serenos y un azul nítido. Una paleta recogida junto al mar puede convertirse en el punto de partida para el color, el estampado y el movimiento de un tejido.