Para Macarena de Alba, el palacio ofrece algo más que grandiosidad. Su ritmo de ventanas, las superficies esculpidas y las proporciones equilibradas sugieren maneras de organizar el detalle sin perder la claridad del conjunto.
El bordado trabaja a otra escala, pero plantea una pregunta similar: ¿cuánto ornamento puede contener una superficie? Ante la fachada del palacio, el vestido azul marino bordado de Macarena devuelve esa observación al tejido, al movimiento y al cuerpo.