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Acantilados del Monte Buciero en Santoña vistos desde el mar

La costa verde de Cantabria

En Santoña, en la costa oriental de Cantabria, las laderas arboladas se encuentran con los acantilados calizos y el azul cambiante del mar Cantábrico. Es la España verde junto al agua.

El monte Buciero da al pueblo su fondo característico. Desde una barca, sus paredes rocosas se elevan directamente sobre el agua; desde los caminos superiores, el horizonte se abre más allá de los árboles. Un paisaje leído desde dos direcciones.

Velero junto a los acantilados de Santoña

Mirar la costa desde el mar

Desde el agua, la costa se convierte en una sucesión de paredes de roca, grietas en sombra y vegetación. Un velero permite apreciar su escala.

Santoña se encuentra al pie del monte Buciero, junto a una bahía conectada con las marismas. El mar abierto, las aguas resguardadas y el promontorio arbolado forman parte del mismo entorno costero, cada uno con su ritmo y su color.

Macarena ante la costa de Santoña

Una paleta modelada por el norte

Sobre los acantilados, el verde suaviza la piedra. Las nubes cambian el agua del azul profundo al plateado; un claro en el cielo hace aparecer tonos más vivos.

Para Macarena de Alba, estas relaciones sugieren una paleta serena: oliva, crema, gris envejecido y cuero marrón. Una blusa fluida y un pantalón sencillo conviven con el paisaje, dejando que la textura y el movimiento aporten el detalle.

Bolso y cuaderno sobre un muro entre vegetación

Recoger lo que permanece

Un cuaderno sobre un muro rugoso devuelve el viaje a pequeñas observaciones: hojas junto a la piedra, luz filtrada, un sendero que desaparece entre árboles.

Estos detalles forman otro tipo de diario de viaje. Junto a la vista costera, conservan las texturas y colores que primero llamaron la atención. Santoña se convierte en una fuente de memoria creativa al mirar de cerca y volver a mirar.